Diferencia entre automedicarse y ‘autoprescribirse’

Son prácticas distintas, que no representan las mismas consecuencias, pero con frecuencia se las confunde. 

Automedicarse consiste en administrarse un medicamento de venta libre para aliviar un síntoma reconocible, pasajero y moderado. Aplica a dolores de cabeza, malestares digestivos, dolores menstruales, determinadas contracturas, tos, fiebre y algunos tipos de alergia, entre los más frecuentes. 

La autoridad sanitaria considera que esta práctica es adecuada porque la persona es capaz de reconocer esos síntomas y puede acercarse a la farmacia y solicitar al farmacéutico productos que llevan muchos años en el mercado y cuyo efecto y potenciales efectos adversos son conocidos de larga data. 

Por lo tanto, permite el expendio de estos medicamentos sin necesidad de consultar con un médico y que éste prescriba una receta. 

Están claros los riesgos y el prospecto está redactado en forma sencilla y accesible precisando claramente la dosificación y durante cuánto tiempo uno debe consumir el producto, tras lo cual, si no mejoró el síntoma, debe recurrirse al médico. 

Este esquema es profundamente diferente al de los medicamentos de venta bajo receta, donde sí es necesario ir al médico y que éste nos prescriba el medicamento a través de una receta. 

Es importante remarcar que comprar un medicamento de venta bajo receta sin presentar la receta es una práctica muy habitual, pero que no corresponde. De hecho, su expendio está tipificado en el código penal como un delito. Esto es así porque incluye riesgo sanitario potencial. 

Uno no debe “autoprescribirse” medicamentos que la autoridad sanitaria considera que deben venderse presentando una receta, porque evidentemente su administración requiere supervisión médica. 

Esto aplica a todos los medicamentos de venta bajo receta, aunque algunos sean muy conocidos por la gente. Entre muchas otras categorías, tal es el caso de los psicofármacos, antihipertensivos, anticonceptivos o, inclusive, los antibióticos.

Este último caso es paradigmático. Su uso es muy habitual, pero muchas veces se utilizan por fuera de la indicación médica y sin haber consultado con un médico. No corresponde. 

De hecho, favorece el proceso conocido como resistencia bacteriana, a partir del cual las bacterias van fortaleciéndose y, cada vez, los antibióticos con que contamos para combatirlas reducen su efectividad. 

El uso responsable de los antibióticos, yendo al médico y presentando la receta que este prescribe para adquirirlos contribuye a combatir este fenómeno, que es una gran preocupación de salud pública a nivel mundial.

Es muy frecuente confundir el uso responsable de medicamentos de venta libre con la práctica irresponsable de comprar medicamentos de venta bajo receta sin presentar la receta, pero es necesario comprender la diferencia y contribuir a mejorar esa práctica combatiéndola. 

En definitiva, la automedicación tiene que ver con un autocuidado de la salud y la “autoprescripción” de medicamentos de venta bajo receta es una práctica de riesgo sanitario que como sociedad debemos combatir.

Cuidados necesarios

Incluso con los medicamentos prescriptos correctamente, se recomienda tener en cuenta ciertas precauciones al consumirlos:

  • Siempre lavarse las manos antes de manipularlos.
  • Leer las indicaciones, porque cada medicamento tiene condiciones particulares de uso y conservación que vienen detalladas en la caja y en el prospecto.
  • Respetar la dosis, los horarios de toma y el tiempo de tratamiento indicados.
  • Si el tratamiento tiene una duración estipulada por el profesional de la salud, no interrumpirlo por el hecho de que mejoren los síntomas.
  • Mantener los medicamentos fuera del alcance de los niños.
  • Tener siempre a mano el teléfono del centro médico o de toxicología.

Fuente: Ministerio de Salud de la Nación, Télam, Colegio de Farmacéuticos de Barcelona

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Toda esta información tiene por objetivo contribuir a la concientización  y al conocimiento por parte de la comunidad sobre diversos temas vinculados al cuidado de su salud. Sin embargo, bajo ningún punto de vista intenta reemplazar el diálogo médico-paciente, que es uno de los espacios más valiosos para conocer en profundidad sobre éste y muchos  otros temas, preservar la salud como estado de bienestar general, prevenir el desarrollo de enfermedades, acceder al adecuado diagnóstico de determinados cuadros e iniciar el tratamiento que el profesional de la salud sugiera y consensue con el paciente.