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Salud

Coronavirus e hipertensión: la importancia de no interrumpir los tratamientos con medicamentos

Las personas con hipertensión arterial constituyen un grupo de mayor riesgo para desarrollar síntomas graves por COVID-19. Ante la sospecha de que la medicación antihipertensiva los hiciera más vulnerables al virus, las principales sociedades de cardiología del mundo reafirman la necesidad de continuar con los tratamientos farmacológicos.

Las investigaciones médicas indican que la hipertensión arterial es una condición preexistente frecuente entre las personas que desarrollan cuadros graves del nuevo coronavirus. Se ha comprobado que las personas que sufren COVID-19 en combinación con otras enfermedades tienen una mayor probabilidad de complicaciones. 

La tasa de mortalidad del brote en Wuhan, China, llegó al 10,5% en el caso de enfermedad cardiovascular, al 7,3% con diabetes, 6,3% con cuadros respiratorios, 6% con hipertensión y 5,6% con cáncer.

La hipertensión afecta a alrededor del 30% de la población mundial. En la Argentina, el 46,6% de los adultos es hipertenso (es decir, presión arterial mayor o igual a 140/90 mmHg), de acuerdo con la 4° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR 2019), elaborada por el Ministerio de Salud de la Nación.

En marzo pasado, dos meses después del reporte del primer caso de coronavirus por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aparecieron algunas publicaciones relacionadas con el posible efecto perjudicial de determinados fármacos antihipertensivos en pacientes infectados con el nuevo virus. Esas noticias, que circularon mayormente en redes sociales, se referían a los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (clase de drogas conocida como “IECAs”) y a los bloqueadores del receptor de la angiotensina II (“ARA II”), medicamentos que bajan la presión arterial al hacer que los vasos sanguíneos se relajen.

Para disipar las dudas, la Asociación Americana del Corazón (AHA), la Sociedad Nacional de Insuficiencia Cardíaca (HFSA) y el Colegio Americano de Cardiología (ACC) de los Estados Unidos emitieron una indicación para que los pacientes no dejen de tomar drogas que son fundamentales para su salud. 

En ese sentido, las tres instituciones médicas recomiendan la continuación de los tratamientos para todos los pacientes recetados por insuficiencia cardíaca, hipertensión o cardiopatía isquémica. En cuanto a los pacientes con enfermedades cardiovasculares diagnosticados con COVID-19, indicaron que deben ser evaluados completamente antes de agregar o eliminar cualquier tratamiento.

“Entendemos la preocupación, ya que ha quedado claro que las personas con enfermedad cardiovascular tienen un riesgo mucho mayor de complicaciones graves, incluida la muerte por COVID-19. Sin embargo, hemos revisado las últimas investigaciones y la evidencia no confirma la necesidad de suspender IECAs o ARA II, por lo que recomendamos encarecidamente a todos los médicos que consideren las necesidades individuales de cada paciente antes de realizar cambios en los regímenes de tratamiento”, dijo Robert Harrington, presidente de la AHA, profesor de Medicina Arthur L. Bloomfield y presidente del Departamento de Medicina de la Universidad de Stanford, California.

En esa línea, se manifestó la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC). “Hasta el presente, no existe evidencia clara de que la hipertensión o la insuficiencia cardíaca per se estén asociadas con un mayor riesgo de infección por COVID-19. En pacientes estables con infecciones o en riesgo de infecciones por COVID-19, el tratamiento con IECAs, por ejemplo, el enalapril, y/o ARA II, como el losartan o valsartan, deben continuar como lo indican los consensos de cada patología”. 

La declaración de la SAC coincide también con la recomendación realizada por el Consejo de Hipertensión de la Sociedad Europea de Hipertensión Arterial (ESC), que resalta la falta de evidencia clínica o científica que respalde el efecto nocivo de los fármacos antihipertensivos en el contexto del brote pandémico de COVID-19. “De hecho, dice la nota informativa de la ESC,  existe evidencia de estudios en animales que sugiere que estos medicamentos podrían ser bastante protectores contra complicaciones pulmonares graves en pacientes con infección por COVID-19, pero hasta la fecha no hay datos en humanos”. Finalmente, la entidad subraya la necesidad de continuar con la prescripción de los tratamientos de acuerdo con las guías específicas de cada patología. 

No hay fundamentos para suspender las medicaciones

Para entrar en el cuerpo de una persona, el nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, se adhiere a las células humanas antes de infectarlas. Como elemento receptor utiliza la enzima convertidora de angiotensina (IECA), que reside en la superficie de las células en muchas partes del cuerpo humano, incluyendo el corazón y los pulmones, y juega un papel clave en el complejo sistema que regula la presión sanguínea. Y uno de los tratamientos más comunes que se recetan para tratar la hipertensión son los inhibidores de esta enzima.

Un reciente trabajo realizado por el especialista en cardiología Scott Solomon, de la Escuela Médica de Harvard y el Hospital Brigham and Women’s de Boston, junto a un equipo de investigadores del Reino Unido y de Estados Unidos, apoyados en parte por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos (NIH), examinó el uso de inhibidores de la IECAs y de otros fármacos antihipertensivos en personas con COVID-19.

Los resultados, publicados en la revista médica New England Journal of Medicine (NEJM), aseguran que no hay pruebas para fundamentar la suspensión de los medicamentos necesarios para controlar una enfermedad que causa el 12,8% del total de muertes globales, como es la hipertensión asociada al ataque cardíaco, el accidente cerebrovascular y otras enfermedades del corazón. Por eso, concluyeron que los medicamentos antihipertensivos deben continuarse en personas que tienen o están en riesgo de presentar COVID-19. 

Solomon y sus colegas enfatizaron que “los médicos deben ser conscientes de las consecuencias imprevistas de interrumpir de manera prematura terapias probadas”. Sobre todo, porque se trataría de “una respuesta a preocupaciones hipotéticas”.

“Existe un claro potencial de daño con relación a la retirada de los inhibidores en pacientes que, por lo demás, se encuentran en una situación estable”, aseguraron los investigadores en el trabajo, al tiempo que destacaron que los medicamentos contra la hipertensión “han establecido beneficios en la protección del riñón y el miocardio, y su abandono puede suponer un peligro de descompensación clínica en pacientes de alto riesgo”. Y finalizaron afirmando que “la suspensión abrupta de estos inhibidores en pacientes de alto riesgo, incluidos aquellos que tienen insuficiencia cardíaca o han sufrido un infarto de miocardio, puede conducir a inestabilidad clínica y resultados adversos“.

Fuentes: American Heart Association (AHA), Heart Failure Society of America (HFSA); American College of Cardiology (ACC); Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos; Sociedad Europea de Hipertensión Arterial (ESC); Sociedad Argentina de Cardiología (SAC); 4° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR 2019) elaborada por el Ministerio de Salud de la Nación.

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