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Salud

Cuando la acumulación de grasa enferma al hígado

Se trata de lo que médicamente se denomina ‘esteatosis hepática’, más conocida como ‘hígado graso’, y es una condición que está muy vinculada con el síndrome metabólico y la obesidad. Se asocia a un mayor riesgo de sufrir diabetes, hipertensión y falla renal. 

Un hígado sano debe contener algo de grasa, poca, pero cuando supera tasas de entre el 5% y el 10%, hay una enfermedad. Los expertos consideran que actualmente hay una epidemia de hígado graso no alcohólico, un trastorno que está estrechamente vinculado al síndrome metabólico y la obesidad, caracterizada por la acumulación de células grasas en el hígado.

Este tipo de hígado graso no aparece por el consumo de alcohol, y en sus etapas iniciales generalmente no causa ningún daño. Sin embargo, puede abrir la puerta a un espectro de enfermedades, como la esteatohepatitis no alcohólica, la fibrosis hepática, la cirrosis y hasta a la aparición de carcinoma hepatocelular.  

La enfermedad permanece asintomática durante mucho tiempo, avanza muy lentamente, pero se asocia también a un riesgo mayor de sufrir  diabetes, presión arterial alta y enfermedad renal.

Los especialistas distinguen cuatro etapas en la evolución del hígado graso no alcohólico, aun cuando la mayoría de las personas se quedará solo en la primera. La más leve es la esteatosis, que consiste en la acumulación de grasa en las células hepáticas y que suele ser diagnosticada a partir de estudios que se hacen por otras razones de salud. 

Una segunda etapa puede estar dada por la evolución hacia una esteatohepatitis en la que el hígado aparece inflamado. Si la inflamación progresa y persiste, puede llegar a provocar escaras o heridas en el tejido y en los vasos sanguíneos que rodean al hígado, con lo que cual se originará una fibrosis hepática. La cirrosis, el estadio más severo de la enfermedad, puede llegar luego de años de inflamación, con un daño permanente que puede ocasionar falla hepática.

Teniendo en cuenta los años que pueden llegar a transcurrir entre la primera y la cuarta etapa, los cambios en el estilo de vida son fundamentales para prevenir el empeoramiento en el cuadro. 

¿Factores de riesgo? Sobrepeso y obesidad, hipertensión, diabetes tipo 2, niveles altos de colesterol, síndrome metabólico, edad mayor de 50 años y tener el hábito de fumar. 

¿Métodos de detección? Análisis de sangre para evaluar la función hepática (no siempre exacto), ecografía, y ultrasonido del abdomen. En caso de que el médico especialista lo considere necesario, puede realizarse una elastografía o elastografía hepática, que puede ser tanto por ecografía como por resonancia magnética, para detectar la posible existencia de una fibrosis hepática. 

Durante la primera etapa del hígado graso no suelen utilizarse fármacos como tratamiento, aunque sí es indispensable cambios en cuanto a una alimentación menos rica en grasas e hidratos de carbono, hacer ejercicio, bajar de peso, controlar los niveles de presión arterial, no fumar y controlar el consumo de alcohol. 

Existe también el hígado graso alcohólico, que se origina a partir del daño que la ingesta de cantidades elevadas y constantes de alcohol le originan al hígado. La evolución de la enfermedad pasa por etapas similares a las del hígado graso no alcohólico, con la diferencia de que su avance es mucho más veloz y puede terminar en cirrosis y en falla hepática con mayor rapidez, gravedad y en un porcentaje más elevado de los casos.

Fuentes: World Journal of Hepatology, 2015 Jun 18; 7(11): 1450–1459. Intervenciones farmacológicas para el hígado graso no alcohólico (HGNA): un intento de metanálisis en red. Intervenciones farmacológicas para las hepatopatías alcohólicas (enfermedades hepáticas relacionadas con el consumo de alcohol).

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