El peligroso efecto de los movimientos antivacunas en el coronavirus

Una reciente investigación advierte sobre cómo podría potenciar los brotes. Cómo surgen los mitos de las vacunas. 

El mundo científico se encuentra en una carrera para dar con la vacuna para el Covid-19. Sin embargo, pese al consenso de la comunidad médica de que la inmunización es lo único que podrá frenar definitivamente la pandemia de coronavirus, en los últimos meses proliferaron voces alzándose contra esa potencial vacuna y/o contra los estudios clínicos para alcanzarla. 

Todo esto se vincula con el enorme volumen de información falsa que circula por internet y con el crecimiento sostenido que vienen teniendo los movimientos antivacunas, que encuentran en el coronavirus un campo fértil para difundir sus teorías. 

Declaraciones de figuras públicas, como el tenista serbio Novak Djokovic contra la vacunación en general y contra la obligatoriedad de una vacuna contra el Covid-19 para poder viajar, son también alimento para la desinformación y los mitos que pueden tener efectos tan nocivos como impensados en la salud pública. 

De esto advirtió una reciente investigación publicada en la revista Nature. Un grupo de expertos en datos, física e informática estadounidenses analizó los comportamientos de los usuarios en Facebook durante el brote de sarampión en Estados Unidos en 2019. Allí encontraron que, si bien la proporción de personas a favor de la vacunación es significativamente mayor, los grupos antivacunas tienen una presencia mucho más fuerte que los provacunas en las redes sociales porque se relacionan de una manera mucho más intensa con el grueso de los indecisos. Así, existe la posibilidad de que estas personas que no tienen una posición tan sólida al respecto terminen inclinándose en contra de la inmunización.

El estudio da un pronóstico preocupante: “Nuestro marco teórico reproduce el reciente crecimiento explosivo en los puntos de vista antivacunación y predice que estos serán los dominantes en una década”, dicen los investigadores, que plantean que estos resultados “desafían el pensamiento convencional sobre individuos indecisos en temas de contención en torno a la salud”. 

Además, es contundente sobre el efecto de los antivacunas en el coronavirus: “La desconfianza en la experiencia científica es peligrosa. La oposición a la vacunación con una vacuna futura contra el SARS-CoV-2, el agente causal de Covid-19, por ejemplo, podría amplificar los brotes como sucedió con el sarampión en 2019”.

Cómo surgen los mitos de las vacunas 

Aunque la vacunación es la estrategia de salud pública más costo-efectiva después del agua potable, las opiniones contrarias han existido desde la aparición de las primeras vacunas. 

Las causas por las que una persona puede oponerse son diversas. Hay por ejemplo, motivos religiosos o filosóficos. Uno de los casos documentados en este sentido es el de la comunidad Amish en Pensilvania, Estados Unidos, que en 1991 tuvo altas tasas de rubéola congénita por la reticencia a la vacunación. Y otro, más reciente, es el brote de sarampión en las comunidades judío-ortodoxas de Brooklyn también por su rechazo a las vacunas. 

Pero sobre las vacunas se han construido —y se siguen construyendo— decenas de mitos, que comienzan como un rumor y se expanden con esa misma lógica. Un ejemplo cercano lo tuvimos en Argentina con la campaña nacional de rubéola y sarampión en 2006, cuando comenzó a difundirse  a través de cadenas de mail que las dosis que se estaban aplicando tenían un efecto anticonceptivo porque contenían Hormona Gonadotropina Coriónica (HGC). Los correos alertaban sobre una posible esterilidad para las mujeres que se hubieran vacunado. Estos mitos impactaron negativamente en las tasas de alcance de la campaña, por lo cual las autoridades sanitarias tuvieron que hacer un fuerte trabajo de comunicación para derribar esa falacia. 

Quizás el caso más resonante de la construcción de un mito de la vacunación es el que la relaciona con el autismo. En 1998, la revista The Lancet había publicado un artículo del médico Andrew Wakefield, que afirmaba que había estudiado a 12 pacientes que habían recibido la vacuna triple viral y que 9 de ellos habían mostrado desórdenes que incluían autismo. Más de una década después, una investigación de otra publicación científica, The New England Journal of Medicine, reveló que Wakefield —a quien se le prohibió ejercer la medicina— había montado un fraude para impulsar otra vacuna que él había patentado. Aunque The Lancet se retractó, esta información sigue circulando una y otra vez en internet. 

Es que la web y en particular las redes sociales son los grandes contribuyentes para que estos mitos se agiganten. Por ese motivo, Facebook anunció que notificará a sus usuarios que interactúen con publicaciones falsas sobre la pandemia de coronavirus, que fueron más de 40 millones en un mes, según reconoció la propia red social. 

Fuente: Nature, Asociación Costarricense de Pediatría, Reuters, Clarín

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