Vacunas contra el Covid-19: cuáles son las estrategias científicas para doblegar al virus

La pandemia puso a prueba la capacidad innovadora de la industria farmacéutica en todo el mundo. Las investigaciones avanzadas en vacunas se centran esencialmente en tres estrategias biotecnológicas: ARN mensajero, adenovirus de chimpancé y humanos, y la inactivación del propio coronavirus. En qué consiste cada una de ellas.

Mientras los casos de coronavirus avanzan en todo el mundo, la carrera por llegar a una vacuna contra el Covid-19 se acelera. A pesar de que aprobar un nuevo fármaco implica años de desarrollo, la pandemia acentuó el compromiso y la voluntad de asociación de la industria farmacéutica innovadora para acortar los plazos y poder disponer de una inmunización efectiva lo antes posible. 

En el marco de la respuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a la pandemia, el organismo de Naciones Unidas activó un plan de investigación y desarrollo para acelerar pruebas diagnósticas, vacunas y terapias, en el que están trabajando expertos de distintos ámbitos bajo su coordinación. La experiencia en la investigación de los virus SARS y MERS, y también de la influenza, contribuyó mucho en esta etapa.

Actualmente, según datos de la OMS, hay en estudio unas 176 potenciales vacunas y 34 de ellas ya están en etapa de evaluación clínica, siendo probadas en personas. Entre las vacunas candidatas se encuentran proyectos de los laboratorios asociados a CAEME AstraZeneca, Pfizer, Sanofi Pasteur, GSK, Seqirus, Janssen y MSD.

De estas 34 en etapas clínicas, el informe de la OMS indica que ocho se encuentran más avanzadas, en Fase III, en la que participan miles de voluntarios, algunos de los cuales reciben la vacuna y otros, un placebo, para comparar la evolución de los vacunados con respecto a los que no lo fueron. 

Las tres técnicas

Aunque persiguen el mismo objetivo, cada vacuna es diferente. Las que llevan la delantera despliegan estrategias biotecnológicas distintas. A continuación, en qué consiste cada una de ellas:

ARN MENSAJERO.

La vacuna cuya eficacia ya se está probando en miles de voluntarios argentinos, desarrollada por el consorcio farmacéutico Pfizer-BioNTech, utiliza esta técnica, al igual que el desarrollo del laboratorio estadounidense Moderna. Este tipo de vacunas es novedoso: se utiliza ingeniería genética para generar una respuesta inmunitaria en el organismo, a diferencia de las vacunas tradicionales, que emplean virus atenuados o inactivos.

El ARN (ácido ribonucleico) mensajero tiene la información genética que se necesita para elaborar las proteínas y lleva esa información desde el ADN (ácido desoxirribonucleico) en el núcleo de la célula al citoplasma donde se elaboran las proteínas.

En este caso, lo que se inyecta al organismo humano es una pequeña fracción de material genético de un gen del virus, la proteína spike, que en este coronavirus sobresale en cada partícula viral, y es la que genera la posibilidad de anclaje del virus sobre las células para poder penetrarlas y replicarse. Una vez ingresada, la maquinaria de las células expresa esa proteína y el sistema inmunológico prepara una respuesta contra ella. 

Se trata de una técnica con mucho potencial. La ventaja principal es que es fácilmente escalable, explican los expertos, porque permite el desarrollo a gran escala y a gran velocidad del material genético, imprescindible en la lucha contra el Covid-19, porque se necesitan miles de millones de dosis de vacuna para personas de todo el mundo en el menor tiempo posible. La desventaja que presenta, en tanto, es que todavía no se conoce ninguna vacuna aprobada en humanos que funcione de esa manera. 

ADENOVIRUS.

El proyecto de vacuna de la Universidad de Oxford y el laboratorio sueco-británico AstraZeneca utiliza como vector un adenovirus (familia de virus que infecta tanto a humanos como a animales y causa enfermedades respiratorias), en este caso de chimpancé, para hacer el “delivery” de los genes que se quieren expresar. Argentina y México acordaron producirla para abastecer a América Latina, excepto Brasil.

La primera vacuna autorizada de este tipo de tecnología fue la desarrollada contra el virus del ébola. Oxford investiga hace años vacunas basadas en adenovirus para otras enfermedades, entre otras el coronavirus MERS, que surgió en Medio Oriente en 2012. Ahora, para combatir al nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, el adenovirus de chimpancé -que al animal le causa apenas un resfrío-, fue modificado con ingeniería genética y se le agregó la proteína spike del virus. Se obtuvo así una suerte de virus mutante que también expresa esa proteína, no puede replicarse en el cuerpo humano y motiva una respuesta inmunológica. 

La vacuna de CanSino Biologics, la unidad de investigación militar china, también utiliza un adenovirus, pero humano, de una cepa que no causa ninguna enfermedad sino apenas un catarro. Sputnik V, la vacuna que anunció Rusia, combina dos adenovirus humanos, el Ad5 y el Ad26. Hasta el momento, la OMS no la reconoce como de Fase III, entre otras razones, por no haber publicado sus avances en revistas científicas.

INACTIVADA.

La vacuna desarrollada por el CNBG (China National Biotech Group) afiliado al China National Pharmaceutical Group (Sinopharm) en colaboración con el BIBP (Instituto de productos Biológicos de Beijing), que también se probará en Argentina, utiliza la tecnología tradicional, probada y comprobada desde hace mucho tiempo.  

Estas vacunas contienen proteínas virales seleccionadas o virus inactivos, es decir, patógenos muertos, que por lo tanto no se reproducen. El cuerpo humano los reconoce como intrusos y, en consecuencia, el sistema de defensa crea anticuerpos. La enfermedad no se desencadena. Las vacunas de este tipo están disponibles, por ejemplo, contra la gripe, la poliomielitis, la hepatitis B y el tétanos.

Desarrollar una vacuna inactivada supone producir grandes cantidades del virus en cultivos celulares y después inactivarlo, romperlo mediante algún procedimiento químico o físico. Se inyecta el preparado del virus destruido, el sistema inmune reconoce patrones asociados a esos patógenos y monta una respuesta inmunológica protectiva contra el patógeno real. La desventaja que tiene este tipo de vacunas es que manejar esas grandes cantidades de patógenos implica fuertes normas de bioseguridad

En síntesis, la emergencia mundial no sólo está mostrando una enorme capacidad de reacción de la industria, sino también su voluntad para asociarse y aportar cada uno su conocimiento más avanzado en pos de acelerar, juntos, el descubrimiento de una vacuna efectiva

Hasta que esto ocurra, en tanto, sigue siendo indispensable respetar las medidas de aislamiento preventivo, mantener la distancia social en la vía pública o en los comercios, utilizar tapabocas en estas circunstancias, evitar tocarse la cara y lavarse frecuentemente las manos para contribuir a contener al virus.

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