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Psoriasis, una enfermedad más allá de la piel

Durante muchos años, fue una enfermedad para la que los profesionales de la salud tenían pocas respuestas que ofrecer a los pacientes. Sin embargo, los nuevos tratamientos desarrollados en los últimos 230 años permiten una gran mejora en la calidad de vida de los pacientes.

Es una enfermedad crónica, inflamatoria, autoinmune, no contagiosa, de origen genético y tiene algún componente hereditario, aunque no necesariamente se transmite a los hijos. Extrapolando estadísticas internacionales, se estima que afectaría a cerca de 800 mil argentinos. 

Se manifiesta en la piel a través de enrojecimiento (eritema) y placas que pican y duelen (escamas blancas o plateadas que parecen ‘caspa gruesa’). 

La piel es el órgano que nos presenta y vincula al mundo, por eso las enfermedades que se manifiestan en la piel tienen un alto impacto emocional para el paciente. Una de ellas es la psoriasis. Se estima que entre el 2 y el 5% de la población sufre psoriasis. Esta enfermedad no es contagiosa, algo sobre lo que todavía debemos continuar concientizando, porque muchos pacientes siguen manifestando que perciben cierto tipo de rechazo por parte del resto de las personas. 

Esta no es una enfermedad ’psicosomática’, pero hay ciertos factores como emociones fuertes, estrés, cambios en el clima o infecciones que pueden favorecer la aparición de brotes. 

Tipos de psoriasis

Las placas son lesiones que pueden producir picazón o dolor y presentarse en cualquier parte del cuerpo, pero aparecen por lo general en codos, cara, piernas, cuero cabelludo, la parte baja de la espalda, la cara, las palmas de las manos y las plantas de los pies, los genitales, el interior de la boca y también en las uñas. Existen distintos tipos según la forma en que se presenta:

  • En placas. Es la forma más frecuente. Las lesiones son rojas en la base y cubiertas por escamas plateadas.
  • Ungueal. Puede afectar a la mitad de los pacientes con psoriasis, generando crecimiento anormal delas uñas, cambios de color, astillado y uñas que se aflojen o separen.
  • En gotas. La sufren principalmente niños y adultos jóvenes; se caracteriza por descamación en forma de gotas y, generalmente, se desencadena por una infección bacteriana.
  • Inversa. Causa lesiones rojas y lisas en los pliegues de la piel alrededor de los genitales, debajo de los senos o en las axilas.
  • Pustulosa. Es poco frecuente y se manifiesta con ampollas llenas de pus que aparecen poco después de que la piel se ponga roja y sensible.
  • Eritrodérmica. Es el tipo menos frecuente, puede abarcar una gran área o todo el cuerpo con una erupción roja y con desprendimiento de la piel, picazón o ardor intensos.

La artritis psoriásica

La psoriasis es una enfermedad sistémica, que se desencadena por procesos inflamatorios. Por lo tanto, tiene el mencionado impacto en la piel, pero la inflamación puede darse también, por ejemplo, a nivel cardiovascular o favorecer el desarrollo de obesidad o diabetes y, en hasta un 30% de los casos, en las articulaciones, desarrollando lo que se conoce como artritis psoriásica

Usualmente se desarrolla entre los 30 y 55 años y por lo general los síntomas de la piel se presentan antes que el dolor articular. La artritis psoriásica se produce porque el sistema de defensa del cuerpo ataca erróneamente al recubrimiento de las articulaciones, ocasionando dolor e inflamación.  

Sus síntomas más comunes son: 

  • Dolor e inflamación en una o más articulaciones, generalmente en las muñecas, en las rodillas, en los tobillos, dedos de las manos y de los pies.
  • Hinchazón de los dedos (dedos de salchicha).
  • Dolencias donde los tendones y los ligamentos se unen a los huesos, especialmente en el tendón de Aquiles o en la planta del pie.
  • Dolor en la espalda baja, el cuello o los glúteos.

El tratamiento

El médico será el más indicado para determinar, junto con el paciente, cuál es el tratamiento más indicado para su cuadro en cada etapa de la enfermedad. No hay un mismo enfoque terapéutico para todos los pacientes, este dependerá de múltiples factores. 

De todos modos, en líneas generales, la psoriasis -en los casos más leves- se maneja con tratamientos tópicos (con o sin corticoides) o fototerapia (sesiones de exposición a luz ultravioleta). Para los casos moderados a severos, existen lo que se conoce como tratamientos sistémicos, algunos de los cuales integran la categoría de medicamentos biológicos, desarrollados en los últimos años permitieron sumar una variedad de tratamientos sistémicos que pueden combinarse con los anteriores. 

Estos tratamientos presentan distintos mecanismos de acción, pero en todos los casos actúan sobre el sistema inmunológico, adonde se desencadena el proceso inflamatorio que favorece el desarrollo de la psoriasis. 

Seguros y efectivos, con un impacto positivo en la calidad de vida de los pacientes, pueden reducir los síntomas como la hinchazón y enrojecimiento, ayudar a lograr la eliminación o remisión y, en la artritis psoriásica, reducir el dolor articular, mantener el funcionamiento correcto de las articulaciones y prevenir futuros daños articulares.

Fuente: Acción Psoriasis, Arthritis Foundation, National Psoriasis Foundation, Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel, Mayo Clinic, AEPSO, Hospital Alemán de Buenos Aires.

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Toda esta información tiene por objetivo contribuir a la concientización y al conocimiento por parte de la comunidad sobre diversos temas vinculados al cuidado de su salud. Sin embargo, bajo ningún punto de vista intenta reemplazar el diálogo médico-paciente, que es uno de los espacios más valiosos para conocer en profundidad sobre éste y muchos otros temas, preservar la salud como estado de bienestar general, prevenir el desarrollo de enfermedades, acceder al adecuado diagnóstico de determinados cuadros e iniciar el tratamiento que el profesional de la salud sugiera y consensue con el paciente